IT EN FR DE ES PL PT siamo su facebook escríbenos
 Documentos  Regla y Constituciones  Constituciones - Capitulo I  Artículo I 
Documentos
 

Artículo I

Nuestra vida según el Evangelio

1.1
El santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo es siempre principio de la vida entera de la Iglesia y mensaje de salvación para todo el mundo.
1.2
En efecto, por él la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, llega al conocimiento de Cristo y recibe con fe sus hechos y palabras, que son para los creyentes espíritu y vida.
1.3
San Francisco, fundador de nuestra Fraternidad, ya desde el comienzo de su conversión, tomó el Evangelio como fundamento de su vida y de su actividad.
1.4
Por eso ordenó expresamente, tanto al principio como al final de la Regla, que fuera observado, y declaró en el Testamento que le había sido revelado que él debía vivir según la forma del santo Evangelio.
1.5
Procuremos, por consiguiente, ya que somos hijos suyos, progresar continuamente en el conocimiento del Evangelio.
1.6
En todas las circunstancias de la vida sigamos el Evangelio como suprema ley, leamos con asiduidad sus palabras de salvación y, a ejemplo de la bienaventurada Virgen María, llevémoslo en el corazón, de modo que teniendo nuestra vida cada vez más conformada al Evangelio, crezcamos en Cristo por todos los medios.
2.1
San Francisco, discípulo verdadero de Cristo e insigne modelo de vida cristiana, enseñó a los suyos a seguir con alegría las huellas de Cristo pobre y humilde, para que El los condujera en el Espíritu Santo hacia el Padre.
2.2
Inflamados en el amor de Cristo, contemplémoslo en el anonadamiento de la encarnación y de la cruz para asemejarnos más a El y, al celebrar con gozo unánime la Eucaristía, participemos del misterio pascual, gustando de antemano la gloria de su resurrección hasta que El venga.
2.3
Observemos con gran generosidad los consejos evangélicos, sobre todo los que hemos prometido: la castidad consagrada a Dios, la pobreza camino peculiar de salvación para nosotros y la obediencia caritativa.
3.1
San Francisco, después de escuchar el pasaje evangélico de la misión de los discípulos, inició la Fraternidad de la Orden de los Menores, para que con su comunión de vida dieran testimonio del Reino de Dios, predicando con el ejemplo y la palabra la penitencia y la paz.
3.2
Para adquirir la imagen del verdadero discípulo de Jesucristo, que maravillosamente se manifestó en san Francisco, pongamos empeño en imitarlo, en cultivar diligentemente su patrimonio espiritual con nuestra vida y nuestras obras y en compartirlo con todos los hombres de cualquier época.
3.3
Con esta finalidad leamos con frecuencia la vida y los escritos, tanto del propio san Francisco como de sus hijos, principalmente de los capuchinos que se han distinguido por su santidad de vida, trabajos apostólicos y ciencia, y también otros libros que dan a conocer su espíritu.
4.1
Como Hermanos Menores Capuchinos es necesario que conozcamos el carácter y los fines de nuestra Fraternidad, para que nuestra vida, adaptada correctamente a los diversos tiempos, se inspire en la sana tradición de nuestros hermanos.
4.2
Conviene imitarlos sobre todo en el retorno a la primigenia inspiración, es decir, a la vida y Regla de nuestro Padre Francisco, mediante la conversión interior, de tal manera que nuestra Orden esté en continua renovación.
4.3
Siguiendo sus huellas, esforcémonos en dar prioridad a la vida de oración, principalmente la contemplativa; en practicar una pobreza radical, tanto personal como comunitaria, junto con el espíritu de minoridad; en ofrecer ejemplo de vida austera y penitencia alegre por amor a la cruz del Señor, procurando igualmente encontrar, a la luz de los signos de los tiempos, formas nuevas de encarnar nuestra vida, las cuales deberán ser aprobadas por los legítimos superiores.
4.4
Cultivando entre nosotros la espontaneidad fraterna, vivamos gozosos entre los pobres, débiles y enfermos, al tiempo que compartimos su misma vida, y mantengamos nuestra peculiar cercanía al pueblo.
4.5
Promovamos de diversas maneras, sobre todo mediante la evangelización, el dinamismo apostólico, que deberá realizarse con espíritu de servicio.
5.1
La Regla de san Francisco, que brota del Evangelio, impulsa a la vida evangélica.
5.2
Dediquémonos celosamente a su espiritual inteligencia y procuremos cumplirla, pura y sencillamente, con santas obras, según el consejo que el mismo Fundador dio en su Testamento y, siguiendo el espíritu, las intenciones evangélicas y los santos ejemplos de los primeros hermanos capuchinos.
5.3
Los superiores, a una con las fraternidades, promuevan con todo interés el conocimiento, el amor y la observancia de la Regla.
5.4
A fin de que en todas partes se puedan observar fielmente la Regla y las intenciones del Padre legislador, procuren los superiores mayores que, atendiendo a la diversidad de regiones, culturas y a las exigencias de los tiempos y lugares, se busquen modos más aptos, incluso pluriformes, para la vida y el apostolado de los hermanos.
5.5
En efecto, la auténtica pluriformidad es aquella que, dejando a salvo siempre la unidad del mismo genuino espíritu, se basa en la comunión fraterna y en la obediencia a los superiores; así se ofrece la libertad evangélica a la hora de actuar, sobre todo en lo que se refiere a la renovación de nuestra vida, para que no se apague el espíritu.
6.1
El seráfico Padre dictó su Testamento cuando, próximo a la muerte, adornado con las sagradas llagas y lleno del Espíritu Santo, más ardientemente anhelaba nuestra salvación.
6.2
En él expresa su última voluntad y transmite su preciosa herencia espiritual.
6.3
Nos lo dio a fin de que observemos con más perfección cada día, y según el sentir de la Iglesia, la Regla que hemos prometido.
6.4
En consecuencia, aceptamos el Testamento como la primera exposición espiritual de la Regla y óptima inspiración de nuestra vida, siguiendo la tradición de nuestra Orden.
7.1
La finalidad de las Constituciones es ayudar a una mejor y más perfecta observancia de la Regla, en las circunstancias cambiantes de nuestra vida.
7.2
En ellas tenemos un recurso seguro para la renovación espiritual en Cristo y una ayuda válida para vivir plenamente la consagración con la que cada hermano se ha entregado por entero a Dios.
7.3
Cumplamos no como siervos sino como hijos estas Constituciones, que nos obligan en virtud de nuestra profesión, deseando ante todo el amor de Dios y escuchando al Espíritu Santo que nos enseña, atentos a la gloria de Dios y la salvación del prójimo.
7.4
Se exhorta encarecidamente a todos los hermanos a que se dediquen al estudio personal de la Regla, del Testamento y de las Constituciones y se impregnen de su íntimo espíritu.
Mapa del sitio | Copyright © 2006/2007 OFMCAP - Credits | Webmaster