HERMANOS Y FRATERNIDADES LOCALES
Para cerca de 10.500 hermanos que habitan en 103 países diferentes (en diciembre del 2009), la pertenencia a la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos se realiza ante todo y en primer lugar compartiendo la vida de todos los días en el seno de una fraternidad local.
Nuestra Orden cuenta con más de 1.700 fraternidades locales compuestas por un mínimo de tres hermanos. La composición más frecuente de las fraternidades locales se sitúa entre 5 y 12 miembros. Son raras las que superan la treintena.
Una fraternidad local practica la oración en común, come a la misma mesa y comparte las tareas necesarias a la vida común como los servicios que deben prestarse a la población del entorno.
La coordinación de la vida fraterna está confiada a un “Guardián”, asistido por un vicario, Sin embargo, todos los hermanos toman parte en la organización y el enriquecimiento de la vida comunitaria a través de reuniones regulares llamadas “capítulos locales”.
FRATERNIDADES REGIONALES
Las fraternidades locales forman en su conjunto una red de comunión a la medida de un territorio definido que constituye una circunscripción de la Orden. La circunscripción típica se llama una “provincia”. Pero, a partir de criterios que comprenden el número de hermanos, la antigüedad de la implantación, el nivel de desarrollo y la capacidad de autonomía, las circunscripciones pueden convertirse también en vice-provincias, custodias o delegaciones.
Las delegaciones representan un primer intento de presencia organizada en un territorio dado. Por consiguiente, las fraternidades que la componen están todavía bajo el gobierno de la provincia de la que proceden los hermanos.
Pero la red de fraternidades locales constituidas en custodias, en vice-provincias o en provincias tienen siempre un gobierno propio elegido por el capítulo de la circunscripción. Estos capítulos, celebrados cada tres años, pueden convocar en asamblea o bien a todos los hermanos de la circunscripción o a los delegados de las fraternidades locales; es la circunscripción la que decide. El capítulo es la más alta autoridad de la circunscripción. Le corresponde, en conformidad con la Regla de san Francisco y las Constituciones de la Orden, tratar todas las cuestiones que atañen a la vida fraterna en el territorio, y elegir un gobierno que quedará formado, de ordinario, por un “ministro” y cuatro consejeros. A estos consejeros se les llama tradicionalmente “definidores”. El ministro o servidor de la fraternidad y sus consejeros son elegidos para tres años. El mandato del ministro puede ser renovado una vez. Cada tres años deben ser reemplazados al menos dos de los cuatro consejeros de este gobierno de la fraternidad.
Cada provincia tiene una gran autonomía en la organización de su vida y servicios. Es la provincia la responsable de la admisión de candidatos a nuestra forma de vida, así como de su formación religiosa y profesional.
En nuestra Orden, algunos hermanos se hacen sacerdotes después de haber seguido los cursos de formación requeridos por la Iglesia para la preparación a este servicio. Los demás asumen la integridad de su vocación de hermanos menores quedando como laicos. La profesión de la Regla de san Francisco y de los votos de pobreza, castidad y obediencia nos reúne en fraternidad. El sacerdocio no significa diferencia alguna entre nosotros. Según los términos de nuestra legislación, todos los hermanos que han emitido la profesión perpetua tienen por tanto derechos iguales en la Orden y pueden ser elegidos para todos los cargos necesarios al bien común de la fraternidad.
La composición de las provincias por el número de hermanos puede variar. Actualmente van de 30 hermanos a más de 300. Para preservar el clima fraterno y evitar el anonimato burocrático, una provincia muy grande puede dividirse en unidades de más fácil convivencia. Paralelamente, cuando una provincia resulta demasiado pequeña para asumir su gestión propia y su desarrollo, puede unirse a otra provincia para formar con ella una circunscripción más vigorosa.
En algunas de las grandes regiones del mundo, las provincias se agrupan en “conferencias”. Esta estructura regional facilita la colaboración en sectores que son de interés común por la lengua, la cultura u otros factores sociales.
LA FRATERNIDAD LOCAL
Así como las provincias y las otras circunscripciones forman redes de fraternidades locales, del mismo modo la Orden, en el plan mundial, puede describirse como una red de provincias, de vice-provincias, de custodias y de delegaciones, cuya animación corresponde al ministro general asistido por ocho consejeros (definidores generales).
El ministro general y sus consejeros son elegidos en el curso del capítulo general de la Orden que se celebra cada seis años. El capítulo general convoca a los ministros de todas las provincias y vice-provincias y también a un cierto número de delegados suplementarios para las provincias numerosas y para las custodias.
Además de elegir al ministro general y sus consejeros que deben ser escogidos en cada una de las grandes regiones de la Orden, el capítulo general tiene por misión tratar de todos los asuntos de la Orden y poner al día nuestra legislación, a fin de que corresponda adecuadamente a las necesidades de la Iglesia y al desarrollo de la sociedad.
En el curso de los seis años de su mandato, el ministro general se esfuerza en visitar todas las circunscripciones de la Orden y, si fuera posible, a todos los hermanos. Sus consejeros visitarán con más frecuencia la región de la que proceden y para la cual han recibido una responsabilidad particular. Su cuidado constante será animar el desarrollo local y la diversidad preservando al mismo tiempo la cohesión y la unidad. Deben igualmente mostrar una atención especial a todas las necesidades, en personal o en recursos materiales, que pudieran ser satisfechas por una llamada a la solidaridad de toda la Orden.
Con el fin de insistir sobre ciertas cuestiones centrales en la vida de la Orden, el ministro general reúne a veces representantes de todas las regiones de la Orden en un consejo temporal ampliado llamado Consejo Plenario de la Orden. Estos CPO han tratado hasta ahora temas como la oración, las misiones, la formación, nuestra presencia profética en el mundo y la pobreza evangélica vivida en fraternidad. En 2004, el séptimo CPO tratará de “nuestra vida fraterna en minoridad”.
Ser hermano, es la expresión fundamental de la pertenencia a la Orden. Pero somos una familia sumamente diversificada, a la vez unida y separada por tantas culturas diversas, por situaciones políticas, económicas y sociales que reflejan una parte muy grande de la riqueza de la humanidad a la que pertenecemos en tantos lugares. Pero compartimos todos la tradición franciscana como una historia común e íntima; estamos relacionados por instituciones antiguas que administramos según las necesidades de nuestro desarrollo; y todos hemos escogido vivir “según la forma del santo evangelio”, servir al Señor y a nuestros hermanos en la solidaridad y en la paz. En la oración y en el compartir cotidiano de nuestras fraternidades locales, hay siempre un espacio abierto para los hermanos de fuera que, si vinieran a nuestras casas se encontrarían fácilmente como en su propia casa.