144.1
El Hijo de Dios fue enviado por el Padre al mundo para que, asumiendo la condición humana, anunciara la buena nueva a los pobres, sanara a los contritos de corazón, proclamara a los cautivos la liberación y devolviera la vista a los ciegos.
144.2
Cristo decidió continuar dicha misión en la Iglesia mediante el poder del Espíritu Santo.
144.3
Y el mismo Espíritu suscitó a san Francisco y a su Fraternidad apostólica para que, según las necesidades más urgentes de su tiempo, ayudara con todas las fuerzas a la misión de la Iglesia, sobre todo a favor de aquellos que mayor necesidad tuvieran del mensaje evangélico.
144.4
En consecuencia, nuestra Fraternidad, obedeciendo al Espíritu del Señor y a su santa operación, cumple en la Iglesia el deber de servicio para con todos los hombres evangelizándolos con el ejemplo y la palabra.
145.1
Conservemos en la actividad apostólica las características propias de nuestro carisma, adaptándolas a los diversos tiempos y circunstancias.
145.2
El principal apostolado del hermano menor es: vivir en el mundo la vida evangélica en verdad, sencillez y alegría.
145.3
Ofrezcamos a todos los hombres estima y disponibilidad para el diálogo.
145.4
Aun dando la preferencia a la evangelización de los pobres, a ejemplo de Cristo y de san Francisco, no temamos proclamar también a los poderosos o a los responsables de los pueblos el mensaje de conversión a la justicia y al deber de conservar la paz.
145.5
Dediquémonos gustosamente a cualquier ministerio y actividad apostólica con tal de que estén conformes con nuestra forma de vida y respondan a las necesidades de la Iglesia; y, siendo conscientes de la minoridad, asumamos generosamente aquellos ministerios que se consideran especialmente difíciles.
145.6
La Fraternidad, provincial o local, promueva y coordine las diversas iniciativas apostólicas como expresión de toda la fraternidad.
145.7
Los hermanos, como discípulos de Cristo e hijos de san Francisco, recuerden que en la vida apostólica se requiere un ánimo dispuesto a soportar la cruz y la persecución, hasta el martirio, por la fe y la salvación de los prójimos.
146.1
Cualquier género de apostolado, aunque sea de propia iniciativa, ejérzanlo los hermanos con ánimo pronto bajo la obediencia de la autoridad competente.
146.2
Quedando a salvo el derecho del Sumo Pontífice a disponer del servicio de la Orden para el bien de la Iglesia universal, el ejercicio de cualquier apostolado está sometido a la autoridad del Obispo diocesano, del cual los hermanos reciben las facultades necesarias, después de haber sido aprobados por sus ministros. Y los ministros, en cuanto es posible, accedan de buen grado, según nuestro carisma, cuando los obispos los inviten al servicio del pueblo de Dios y a la salvación de los hombres.
146.3
Corresponde al Capítulo provincial acomodar, garantizada nuestra identidad franscicano-capuchina, los trabajos apostólicos a las exigencias de los tiempos, y al ministro provincial coordinar, con el consentimiento del definitorio, la vitalidad apostólica de la provincia.
146.4
E1 superior de la Fraternidad, oído el Capítulo local en los asuntos más importantes, distribuya los trabajos teniendo en cuenta las necesidades de la Iglesia y la índole de cada hermano, en estrecha colaboración con la organización pastoral establecida por la jerarquía eclesiástica.
146.5
Los hermanos colaboren de buen grado en los trabajos e iniciativas de otros institutos religiosos de la Iglesia.
147.1
Habitúense los hermanos a leer los signos de los tiempos, en los que los ojos de la fe descubren el plan de Dios, para que las iniciativas apostólicas correspondan a las exigencias de la evangelización y a las necesidades de los hombres.
147.2
Promuevan las tradicionales obras apostólicas, como son las misiones populares, los ejercicios espirituales, la confesión sacramental de los fieles, la atención espiritual de las religiosas, sobre todo franciscanas, de los enfermos y encarcelados, y las obras de educación y promoción social.
147.3
Asumiendo también nuevas formas de apostolado, dedíquense con especial cuidado a quienes, por las condiciones de vida, están privados de la atención pastoral ordinaria, como son los jóvenes con riesgos en su vida cristiana, los emigrantes, los obreros, los agobiados por problemas económicos o los perseguidos por hostilidad u odio racial.
147.4
Presten también especial dedicación al diálogo ecuménico de caridad, verdad y oración con los hermanos cristianos no católicos, para compartir la preocupación de la Iglesia por restaurar la unidad.
147.5
Igualmente pongan empeño por establecer un diálogo de salvación con los hombres que profesan otra religión y con los no creyentes entre quienes viven o a quienes son enviados.
147.6
Todos los servicios prestados a los hombres deben fundarse en una vida informada por el Evangelio. Con mayor facilidad se entiende y de mejor grado se acepta el testimonio de los hermanos que, sencillos de corazón y menores en cuanto al estilo de vida y al modo de hablar, viven cercanos al pueblo.
148.1
El heraldo de Cristo, san Francisco, confirmado por la autoridad de la Iglesia, recorriendo las ciudades esparcía por doquier la semilla del Evangelio, anunciando al pueblo de Dios el misterio de Cristo con breves y sencillas palabras.
148.2
Los hermanos, siguiendo su ejemplo y la tradición de nuestra Orden, prediquen la palabra del Señor con lenguaje claro, fielmente conformes a las Sagradas Escrituras.
148.3
Procuren los hermanos, con sumo empeño, grabar en sus corazones la Palabra de Dios, que es Cristo, y entregarse totalmente a El como posesión suya, para que El los impulse a hablar por abundancia de amor. Así predicarán al mismo Cristo con la vida, de obra y de palabra.
148.4
Para conseguir esto, trabajen por adelantar de continuo en la sabiduría de Cristo, que se adquiere, ante todo, a través de la vida y, especialmente, mediante la lectura constante, la meditación y el estudio diligente de la Sagrada Escritura.
149.1
Por la celebración de los sacramentos, Cristo se hace presente con su eficacia propia a los fieles, los santifica y edifica su Cuerpo. Por eso préstense los hermanos a ayudar a los fieles, cuando por razón del oficio o invitados por el clero, administran los sacramentos, para que con esta ocasión se alimente, se robustezca y se manifieste la fe.
149.2
Los hermanos sacerdotes anuncien, con el espíritu de Cristo pastor, el perdón de los pecados mediante el sacramento de la reconciliación y se ofrezcan de buen grado a oír las confesiones de los fieles, tanto más cuanto que se trata de un ministerio muy propio de los menores y practicado a menudo en favor de los hombres espiritualmente más pobres.
149.3
Resplandezcan en ellos el celo de la santidad de Dios y su misericordia, así como el respeto de la dignidad de la persona humana, la caridad, la paciencia y la prudencia.
149.4
Pongan empeño los confesores por progresar continuamente en el conocimiento de la pastoral y en la práctica correcta de su ministerio.
150.1
A ejemplo de san Francisco y según la constante tradición de la Orden, los hermanos tomen gustosos a su cargo la asistencia espiritual, y aun corporal, de los achacosos y enfermos.
150.2
Así, a imitación de Cristo, que recorría ciudades y aldeas curando toda debilidad y enfermedad, como signo de la llegada del Reino de Dios, cumplan la misión de la Iglesia que, a través de sus hijos, se une con los hombres de cualquier condición, sobre todo con los pobres y atribulados, y se desvive gustosamente por ellos.
150.3
Los superiores fomenten este ministerio por ser una obra excelente y eficaz de caridad y apostolado.
151.1
Conforme a la índole y tradición de nuestra Orden, los hermanos estén dispuestos a ayudar pastoralmente en las parroquias al clero de la Iglesia particular.
151.2
Los superiores mayores, considerando las necesidades urgentes de los fieles, acepten prudentemente, con el consentimiento del Consejo, incluso el ministerio parroquial con espíritu de servicio a la Iglesia particular.
151.3
Para que al asumir este ministerio se mantenga la fidelidad a nuestra vocación, optemos de ordinario por las parroquias en que podamos dar más fácilmente testimonio de minoridad y llevar una forma de vida y de trabajo en fraternidad. Así, de hecho, el pueblo de Dios puede compartir oportunamente nuestro carisma.
151.4
Los santuarios confiados a nuestra Orden sean centros de evangelización y de verdadera devoción.
152.1
Los hermanos, reconociendo el papel de los seglares en la vida y actividad de la Iglesia, promociónenlos en los diversos ministerios que les son propios, sobre todo dedicándose a la tarea de la evangelización; fomenten igualmente las asociaciones de fieles cuyos miembros se proponen vivir y anunciar la palabra de Dios y transformar el mundo desde dentro.
152.2
Entre dichas asociaciones estimemos la Orden Franciscana Seglar. Colaboremos con los seglares franciscanos a fin de que sus fraternidades progresen como comunidades de fe, dotadas de especial eficacia de evangelización, y también en la formación individual de sus miembros, para que difundan el Reino de Dios no sólo con el ejemplo de su vida sino también mediante diversas formas de actividad apostólica.
153.1
San Francisco exhortaba a los hermanos a que anunciaran el Reino de Dios incluso con cánticos y alabanzas en lengua vulgar y él mismo se proponía, con la divulgación de escritos, colaborar a la salvación de todos los hombres.
153.2
Por eso también nosotros tengamos en gran estima, como instrumentos aptos para evangelizar a los hombres de nuestro tiempo, los modernos medios de comunicación social, capaces de llegar y de mover a las masas y a toda la sociedad.
153.3
Ahora bien, con objeto de que el variado apostolado a través de dichos medios de comunicación social se intensifique en nuestra Fraternidad, procuren los superiores que los hermanos con aptitudes para ello puedan adquirir una adecuada preparación.
153.4
Edúquese convenientemente a todos los hermanos en el uso responsable de estos medios de comunicación social, para que adquieran a través de los mismos un conocimiento correcto y preciso de la situación de la sociedad humana y de las necesidades de la Iglesia.
153.5
Ejerzan también gustosamente, aunando esfuerzos, el apostolado de la prensa, en particular cuando se trate de la divulgación de temas franciscanos; y se recomienda vivamente que en las provincias o naciones, y también en toda la Orden, se establezcan organismos con este fin.
153.6
En lo referente a los medios de comunicación social, obsérvese cuanto prescribe el derecho universal; y téngase presente que se requiere también la licencia del superior mayor cuando se trate de escritos sobre cuestiones de religión o de costumbres.
153.7
Los hermanos dispongan de los medios necesarios para desempeñar sus tareas, sin quebranto de la vida fraterna y teniendo en cuenta nuestra vocación franciscano-capuchina.
154.1
Los hermanos, dedicados por cualquier motivo al apostolado, unifiquen su vida y su acción en el ejercicio del amor a Dios y a los hombres, que es el alma de todo apostolado.
154.2
Recuerden también que no pueden cumplir su misión si no se renuevan de continuo en la fidelidad a la propia vocación.
154.3
Por tanto, ejerzan el apostolado en pobreza y humildad, sin apropiarse el ministerio, de modo que quede patente a todos que solamente buscan a Jesucristo; mantengan aquella unión de la fraternidad que Cristo quiso tan perfecta que el mundo reconazca que el Hijo ha sido enviado por el Padre.
154.4
Cultiven en la convivencia fraterna la vida de oración y de estudio, para unirse íntimamente con el Salvador y, movidos por la fuerza del Espíritu Santo, préstense con ánimo dispuesto y generoso a ser testigos en el mundo del alegre mensaje.